Me duele tu tristeza.
Me duele tu enojo.
Pero lo que más me duele es tu silencio...
Sentir que te escondes de mí.
Que estás detrás de tus "no sé"
Que, como el tango:
te busco y ya no estás.
¿Necesitas una excusa para separarte de mí?
Puedo subir la montaña más alta
con tu ayuda.
Sin ti, me cansa hasta jugar al escondite,
me cansa saltar obstáculos,
me cansa pelearme con tu orgullo,
me cansa golpear la puerta
que ambas queremos que se abra
y que tú mantienes cerrada.
No creo en tu confusión sino en tus frenos.
No creo en tu "tiempo" sino en tu orgullo.
No creo en tu odio sino en tu frustración.
No creo en tu conducta sino en tu sentir.
Me siento como el ciego
del poema de Rafael de León
"Que agita su pañuelo llorando
sin darse cuenta que el tren
hace rato ya que ha partido..."
¡VEN! ¡ABRE!
¡PELEA!
¡Que aquí estoy!
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