26 abr 2016

DIARIO DE UN ONIRONAUTA

LXXVI     

Sueño con poder.
Sueño con sonreír sobre tus labios, sobre esta nueva sensación de impotencia que surge siempre como consecuencia de mi propio engaño.
Sueño con eliminar enigmas que perturban mi mente durante los últimos tres días, y de los cuales han surgido secuelas que me han empujado a regalar un capítulo más a una bella esencia que inspiró con su presencia mi fin de semana, nuestro fin de semana.
Todo lo he olvidado, todo lo he borrado, mucho te he canturreado, mucho le he anhelado, sin embargo en este plano, y usando el término de manera peyorativa, solo es un sueño mío.
Ésta es la precaria historia de cómo conocí la huella que rompería con mi ecuanimidad. No te escribo a ti, le escribo a la sensación que dejaste en mí, por lo cual la única manera de sacarlo es intimando con mi lector, cautivando consigo moretones, que literal o no, marcan pautas de una represión más, un silencio más, una página más.
Permanezcamos en el anonimato, perdamos piñas, cambiemos de zapatos y que mis palabras no pasen de tu lóbulo. Me has endulzado el sueño sin haberlo deseado, sin haberlo planeado y por supuesto sin siquiera mencionarlo.
Una vez alguien me habló sobre querer en libertad, sin ataduras, sin apegos, disfrutando del momento sin quemar un sábado perpetuo, sin vincular un mal romance; pues como te lo menciono, no te escribo a ti, sino a lo que dejaste aquí.
Verdaderamente posees la facilidad para sacar mi ser a flote y la habilidad de sincerar mi alma despreocupada de la realidad. Mi ideología repetitiva de apreciar a las personas por su esencia me reclama que esto no es autenticidad, déjame cantártelo una vez más.
Tan a mi pesar de estar gritando una idea, realmente prefiero no creerla, pues aunque compartamos el mismo sitio, no nos vincula el mismo hito.
Las mañanas siguientes continuaron siendo muy fuertes, y aunque conocía la fantasía, ni a tu espalda se lo diría. Tus ojos ya están fijados y mis letras nunca han faltado; tus pupilas se han disparado y no es a mí a quien se lo has declarado. Sin embargo mis estrofas has notado, sin detenerte me has encontrado: “tómate el tiempo necesario que aquí estaré a tu lado”, le decía mientras en mis letras se posaba con cuidado.
Rápida fue la decepción al darme cuenta de que yo solo era una canción, pues la melodía anocheció cuando a su casa se dirigió. La realidad de nuevo me inundó pero algo dentro de mí se quedó, ya no había piñas ni zapatos; ya no sonreía al verte cambiando de estrato, todo lo quise integrar al movimiento de este literato.
Osado al ocultarte entre mis letras, te dedico esto pues en mí te encuentras; agradezco tu frescura, que aunque con un poco de amargura te diría que no eres dulzura.

Soñando pervierto, soñado me muestro, soñando despierto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario